COSMOS ATOMICAE

sobre la historia de la cultura humana y la evolución del pensamiento científico

PALEOLÍTICO SUPERIOR 2: cultura cazadora, alimentación y aprovechamiento del tiempo libre.

Cultura cazadora.

Es probable que los primeros humanos arcaicos vivieran de los animales que encontraban muertos o bien que cazaran presas menores de forma más o menos indiscriminada. Sin embargo, cuando las condiciones ambientales cambiaron hacia finales del Paleolítico (Edad del Hielo), tanto los humanos como los grandes mamíferos se convirtieron en emigrantes estacionales: en verano iban al norte y en invierno se retiraban hacia el sur en busca de nuevas presas o de nuevos pastos respectivamente.

Primero los neandertales y finalmente también los sapiens, se especializaron en la caza mayor. En los espacios abiertos vivieron grandes manadas de rumiantes, sobre todo renos, bisontes, caballos y uros y en épocas posteriores, mamuts y otros mamíferos.

La caza es un trabajo que no debería subestimarse. El animal humano, pequeño y sin garras, debió desarrollar herramientas y estrategias de caza muy sofisticadas.

Hace 30 mil  años ya había cazadores-recolectores que recorrían las principales rutas migratorias de los rumiantes. Los restos óseos encontrados corresponden mayoritariamente a un solo animal, por lo general el reno, lo que indica la explotación sistemática de una sola especie. Poco a poco las comunidades humanas se hicieron más sedentarias: en vez de perseguir a las manadas, esperaban a que apareciesen. Esta modificación permitió a los pobladores instalarse en cuevas o bien en terreno abierto, con casas sólidas hechas de hueso, piedra y postes de madera.

La cultura del cromagnon fue, por necesidad, esencialmente cazadora y carnívora, motivo por el que llevarían una vida de intensa y constante actividad física al aire libre, a menudo violenta. Pero también se dedicó a la pesca y construyó las primeras canoas dotadas de condiciones de navegabilidad.

El cambio climático de hace 12 mil años, con un aumento considerable de las temperaturas globales y el deshielo de los glaciares, supuso la extinción de la megafauna del paleolítico. Los microlitos de las culturas mesolíticas de Europa Occidental muestran que el tamaño de los animales cazados había disminuido drásticamente para aquella época y que los tiempos del mamut, del rinoceronte lanudo y del bisonte habían llegado a su fin.

Alimentación.

A las comunidades cromañón les tocó sobrevivir al último máximo glacial, algo que sólo pudieron lograr aumentando mucho la proporción de grasa animal en su dieta. Sus culturas materiales (Auriñaciense, Solutrense o Magdaleniense) no dejan dudas de que su economía era esencialmente cazadora.

Los cromañones mataron y devoraron mamuts, bisontes, uros, renos, ciervos rojos, caballos, gamuzas, peces, focas, pájaros y marisco, entre otros. Muchos de estos animales, que constituían el fundamento de su vida y de su evolución, quedaron inmortalizados y homenajeados en las primeras pinturas rupestres, magníficos frescos que evidencian un refinadísimo conocimiento anatómico. De nuevo, esta dieta produjo una constitución física privilegiada, una estatura altísima y estilizada, un maxilar inferior prácticamente igual de ancho que el cráneo, alta capacidad craneal y una desarrollada musculatura.

Según el registro paleopatológico, los indicios forenses de enfermedades son muy minoritarios entre los restos paleolíticos mientras que proliferan en el Neolítico. No tenemos apenas evidencias de enfermedades nutricionales anteriores al advenimiento de la agricultura. Después aparecen el raquitismo, caries, osteoporosis, beriberi, pelagra, diabetes, dermatitis herpetiforme, celiaquis, obesidad, cáncer, pestes varias, cólera y tuberculosis, obesidad, cáncer, alzheimer, gota, reuma, hipertensión, artritis o diversas formas de esclerosis, entre otras.

La dieta paleolítica, también llamada paleodieta, dieta de la Edad de Piedra o dieta de los cazadores-recolectores, es un plan nutricional centrado principalmente en el consumo de carnes, pescado, huevos, vegetales silvestres como verduras, frutas, frutos secos y raíces, hongos y miel. Por otro lado, excluye cereales y harinas, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados.

La paleodieta fue propuesta por el gastroenterólogo Walter L. Voegtlin en los años 70. Se basaba en la premisa de que los seres humanos actuales están adaptados genéticamente a la dieta de sus antepasados del Paleolítico ya que el 99% de la existencia de las especies humanas se había desarrollado durante este período prehistórico. Walter L. Voegtlin sostenía, por otro lado, que la introducción de nuevos alimentos durante el Neolítico tuvo un fuerte y drástico impacto en el organismo del ser humano. Estudios como el del Dr. Weston A. Price han concluido que las poblaciones que subsisten con dietas tradicionales asociadas al campo están, en su mayoría, libres de muchas de las enfermedades que afectan a las sociedades tecnológicamente más avanzadas.

El razonamiento que subyace al enfoque nutricional de la paleodieta parte del convencimiento de que, evolutivamente, no ha dado tiempo a desarrollar las adaptaciones fisiológicas y metabólicas asociadas al tipo de dieta promovida por la nueva cultura del Neolítico y que dichas costumbre alimenticias, fundamentadas en la ingesta de carbohidratos y perpetuada hasta nuestros días, es la causante de muchas de las llamadas “enfermedades de la civilización”.

La paleoarqueólogía y el registro fósil señalan un impresionante descenso de la salud y de la calidad de vida en el momento en que se adoptó la agricultura. S. Boyd Eaton afirmó:

La gran mayoría de nuestras características bioquímicas y fisiologías están adaptadas a las condiciones de vida que existían antes de la llegada de la agricultura hace unos 10 mil años. Genéticamente nuestros cuerpos prácticamente son los mismos que los de nuestros antecesores del final del Paleolítico.

Actualmente, el 80% de nuestras calorías viene de los cereales y una importante porción del 20% restante procede de alimentos que no tienen nada que ver con la dieta típica del homínido preagrícola: productos lácteos, azúcares refinados, grasas procesadas, aceites vegetales refinados, alcohol y edulcorantes artificiales altamente perjudiciales. El consumo excesivo de estos nuevos alimentos de la era industrial es responsable de los actuales niveles epidémicos de obesidad, enfermedad cardiovascular, hipertensión, diabetes tipo 2, osteoporosis y cáncer, tanto en los EE.UU. como en otras poblaciones occidentales contemporáneas. Apenas hay sitio para las proteínas o las grasas animales.

Aprovechamiento del tiempo libre.

La aparición de esta nueva forma de aprovisionamiento de alimento (la caza mayor) y de las técnicas adecuadas para conservarlo y almacenarlo, permitió a los hombres asentarse durante largos periodos de tiempo en un mismo lugar, librándoles de seguir a los animales en sus rutas migratorias y promoviendo el sedentarismo.

Este hecho tiene un importante efecto sobre las comunidades humanas del paleolítico Superior ya que, por primera vez, se dispone de una cierta cantidad de tiempo libre que pueden destinar a la fabricación de artesanía, al deleite por la decoración de utensilios y, también, al pensamiento, a la contemplación, a la meditación y, por qué no, al cultivo de los placeres y de la felicidad.

De esta manera se constata un progresivo desarrollo de las técnicas y tecnologías: trabajos en piedra, hueso, madera, tejidos vegetales, agujas, punzones, anzuelos, propulsores, flechas y, por supuesto, el arte.

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Esta entrada fue publicada en 30 enero, 2015 por en Género Homo, Paleolítico, Prehistoria y etiquetada con , , , , , .
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