COSMOS ATOMICAE

sobre la historia de la cultura humana y la evolución del pensamiento científico

GÉNERO HOMO 4: habilis, ergaster, erectus, antecessor, heidelbergensis

Homo Habilis.

La evolución del Australopitecus dio lugar a Homo rudolfensis y a Homo habilis. Ambas especies habitaron África oriental hace entre 2,5 y 1,8 millones de años y poseían un volumen craneal de entre 600 y 800 cm3. Son las criaturas más encefalizadas de su tiempo, fabrican herramientas y experimentan una intensa y agresiva competencia social.

Parece claro que Homo habilis llegó a cazar, que se alimentó de jirafas, hipopótamos y rinocerontes y que ocasionalmente comió ciertas variedades de Australopithecus.

Con él nace la industria lítica olduvayense (o Modo 1), consistente principalmente en hachas y machetes muy primitivos utilizados para desollar a los animales muertos, descuartizarlos y romper sus huesos.

A pesar de estas innovaciones, Homo habilis, de constitución muy grácil, brazos largos y una estatura de algo más de un metro, era todavía una criatura a merced de los grandes depredadores. Por ejemplo, sabemos que era una presa predilecta del Dinofelis, un felino dientes de sable que le fue contemporáneo en África y que, al parecer, también devoró Australopithecus, babuinos y otros herbívoros.

Homo Ergaster.

El sucesor cronológico de Homo hábilis es Homo ergaster, de hace 1,8 millones de años y con un volumen craneal de 850 cm3. Los restos fósiles indican que fue el primero de nuestros antepasados en abandonar África hace un millón de años. Esta primera migración humana condujo a la diferenciación de dos linajes descendientes de Homo ergaster dado que, al vivir en áreas geográficas dispares, hubo de adaptarse y su morfología se diversificó a través de los procesos de la deriva genética y de la selección natural. En Asia, estos homininos evolucionaron en el Hombre de Pekín y en el Hombre de Java, referidos en conjunto como Homo erectus (hace 1,7 millones de años y con un volumen craneal de hasta 1.100 cm3.). En Europa y en Asia occidental evolucionaron en Homo antecessor.

Los miembros de Homo ergaster que permanecieron en África inventaron un modo nuevo de tallar la piedra, más elaborado, denominado achelense (industria lítica de Modo 2). Se ha especulado que los clanes poseedores de la nueva tecnología habrían ocupado los entornos más favorables desplazando a los tecnológicamente menos avanzados, que se vieron obligados a emigrar. Ciertamente sorprende el hecho de que Homo antecessor y Homo erectus siguieran utilizando el primitivo Modo 1 (olduvayense), cientos de miles de años después del descubrimiento del achelense. Una explicación alternativa es que la migración se produjera antes de la aparición del achelense.

Homo Erectus.

Salvo su configuración craneofacial, el esqueleto de Homo erectus era de proporciones similares al de los humanos actuales. Su cuerpo, esbelto y flexible, estaba adaptado a los grandes desplazamientos gracias a su menor consumo de energía y a que puede caminar más rápido y durante más tiempo. Posiblemente Homo erectus estableciera ya cierta especialización en las tareas cotidianas del grupo así como el concepto básico de familia. Experimentó un gran desarrollo de los lenguajes no verbales mientras que el lenguaje articulado se complejizó para favorecer la transmisión de conocimientos.

Homo erectus vistió pieles y vivió en cuevas o refugios. Además de fabricar hachas de piedra, dejó los primeros restos de viviendas construidas, objetos de madera tallada, la primera lanza y el recipiente más primitivo encontrado hasta la fecha, un cuenco de madera. Pero su mayor avance cultural fue el descubrimiento y el control del fuego. Hacia el 400 mil se produce, de esta manera, una de los hitos más importantes de la vida humana.

Homo erectus aún consume carroña pero, gracias a su perfeccionamiento como cazador sistematizado, incluirá la carne fresca en su dieta habitual lo que le proveerá de un cerebro más grande y más eficaz. En consecuencia  será capaz de experimentar nuevos sentimientos (empatía) y se tornará más reflexivo (mayor capacidad de planificación).

Fue el primer cazador-recolector nómada y parece que sus desplazamientos estaban sujetos a los movimientos migratorios de los grupos de grandes mamíferos. Prueba de ello es que salió de África a la vez que muchas otras especies animales, como los elefantes antepasados de los mamuts, lo que sugiere que dependían de estas manadas para su sustento. El yacimiento de Olorgesailie (Kenia, hace entre 900 y 650 mil años) tiene una gran abundancia de fósiles de hipopótamos, cebras, elefantes, jirafas y babuinos que fueron descuartizados utilizando hachas de mano. Hace 400 mil años ya había erectus cazando elefantes, bisontes y rinocerontes en la actual Alemania. En los yacimientos de Torralba y Ambrona (Soria hace 330 mil años) podemos comprobar que los erectus se las ingeniaban para provocar estampidas y conducirlas hacia un precipicio. Entre estos restos animales se han encontrado instrumentos pétreos de tipo achelense, utilizados para desmembrar los cuerpos caídos.

Homo erectus fue la primera especie homo en disfrutar de pleno dominio ecológico, es decir, se situaban en la cúspide de la cadena trófica enfrentándose a sus posibles predadores gracias a la organización social y al empleo de un utillaje estandarizado y especializado, en correspondencia con su gran cerebro.

La competencia social, intensa y agresiva, se establecerá, sin embargo, dentro de la misma especie: individuo contra individuo y grupo frente a otros grupos.

Homo antecessor.

El fósil más antiguo de Europa se encontró en el yacimiento de la Gran Dolina, en Atapuerca. Se trataba de una  mandíbula de hace 1,5 mill. de años asociada a  Homo antecesor, con un volumen craneal de 1.000 cm3, considerado el hominino más antiguo de Europa y probable ancestro de la línea evolutiva Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis.

Por las marcas encontradas en huesos sometidos a análisis forense sabemos que utilizaba herramientas de tipo achelense para descuartizar ciervos, caballos y rinocerontes. Se han encontrado marcas idénticas en huesos de antecessor, cosa que implica que hace 800 mil años estos individuos practicaban el canibalismo de forma habitual, probablemente con presas de otras tribus antecessor.

Homo heidelbergensis.

Homo heidelbergensis habitó Europa desde 600 hasta 250 mil años atrás. Con un volumen craneal de 1.350 cm3 (similar al de los humanos modernos), constituyen la primera especie humana en la que es posible detectar indicios de una mentalidad simbólica.

Homo heidelbergensis procede de los grupos antecessor y erectus ibéricos y posiblemente se encuentra en línea evolutiva directa con el hombre de neandertal. Floreció en plena Glaciación de Mindel y se convirtió en el primer gran cazador del continente con clara adaptación ártica: 1,80 metros de altura, 100 kg de peso, un esqueleto increíblemente ancho y robusto y una musculatura muy desarrollada.

En el yacimiento de la Sima de los Huesos se encuentra albergado uno de los más importantes depósitos fosilíferos del mundo. Con una cronología de unos 500 mil años, constituye la mayor acumulación de fósiles humanos de la historia, muchos de ellos asociados a la especie Homo heidelbergensis. Durante las campañas de 1992 y 1993 aparecieron importantes restos fósiles como el cráneo 4 bautizado como Agamenón o el cráneo 5, conocido como Miguelón.

Estos individuos no sólo eran buenos cazadores sino, además, expertos carniceros y anatomistas. Las marcas de útiles líticos encontradas en huesos de rinocerontes, caballos, ciervos y elefantes de yacimientos heidelbergensis, como Atapuerca en España o Boxgrove en Inglaterra, dan fe de su pericia.

Aunque presentan fuerte desgaste dental, propiciado seguramente por la ingesta de frutos o vegetales sin cocinar, ninguno de ellos padecía de caries. Agamenón presenta los canales auditivos tapados, por lo que inferimos su sordera antigua. Podemos afirmar que en general tienen buena salud, y a excepción de los chichones que presentan los cráneos, no hay señales de grandes traumatismos óseos.

A raíz del descubrimiento, en 1998, de la única herramienta hallada en el yacimiento, un hacha de mano bautizada como Excalibur, el equipo de Atapuerca confirmó la hipótesis de que la Sima de los Huesos sirvió para acumular cadáveres de forma intencional. Según esta interpretación, nos encontraríamos frente al testimonio más antiguo de comportamiento simbólico, quizás funerario, de la historia de la humanidad.

Gracias a los hallazgos de la Sima de los Huesos se pudieron investigar algunos aspectos vitales de nuestra biología social. Por ejemplo, el no encontrar gran dimorfismo sexual en estas comunidades implica que habría poca competencia intragrupal (niveles bajos de agresión entre individuos) aunque posiblemente se diera una alta competencia intergrupal, con niveles altos de agresividad frente a miembros de otras comunidades.

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Esta entrada fue publicada en 29 enero, 2015 por en Género Homo, Paleolítico, Prehistoria y etiquetada con , , , , , .
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