COSMOS ATOMICAE

sobre la historia de la cultura humana y la evolución del pensamiento científico

GÉNERO HOMO 3: chimpancés, gorilas y australopithecus.

Los parientes vivos más cercanos a nuestra especie son los grandes simios: el gorila, el chimpancé, el bonobo y el orangután. Los científicos han estimado que las líneas evolutivas de los seres humanos se separaron de las de los chimpancés hace entre 5 y 7 millones de años. A partir de esta escisión, la estirpe humana siguió ramificándose originando nuevas especies.

Chimpancés.

Son las criaturas con quienes compartimos las mayores similitudes genéticas fuera del género Homo, ejercen la carroña e incluso la depredación haciendo uso de primitivas lanzas de caza que afilan con los dientes. La primatóloga Jane Goodall ya observó a principios de los años 60 actividades de caza entre los chimpancés del Parque Nacional Gombe de Tanzania. Actualmente en este parque, la depredación de los grupos de chimpancés macho se cobra entre 60 y 70 mamíferos al año, incluyendo otros primates. También se ha encontrado que comen serpientes, ratones y crías de ave y de reptil. Generalmente, los chimpancés aprovechan casi todas las partes del animal, incluyendo los sesos. A pesar de que el chimpancé es el gran simio más dado al carnivorismo y de que la carne de caza es un alimento muy apreciado entre ellos, no llega a constituir más del 2% de su dieta. Otro 6% corresponde a la consumición de insectos sociales (hormigas, termitas, abejas, larvas), lo cual nos da un 8% de productos de origen animal en la dieta del chimpancé. En el Parque Nacional Tai (Costa de Marfil) se ha observado que las hembras valoran tanto la carne que se prostituyen por ella y que, cuando están embarazadas, las hembras aumentan muchísimo el consumo de productos animales en la dieta.

Gorilas.

Aunque comen algunos frutos, su consumo de hojas es mucho más alto dado que su aparato digestivo está perfectamente preparado para procesar la celulosa. Sin embargo, también comen hormigas y en ocasiones se ha detectado en sus heces ADN de monos pequeños y antílopes lo que sugiere que, ocasionalmente, estos primates se dedican a la carroña o a la caza. En los zoológicos, pronto se observó que los gorilas sufrían de deficiencias proteínicas por lo que debían ser alimentados con carne. Más tarde se descubrió que los productos vegetales del menú del zoo, excesivamente higienizados, carecían de pequeños insectos y trazas de otros seres vivos.

Austrolopithecus.

Lo que denominamos propiamente ‘humano’ (homo), es una referencia a la capacidad de fabricar herramientas de piedra en un homínido bípedo. Es así como se establece que hace unos 2,5 millones de años, con la aparición del género Homo, da inicio el Paleolítico Inferior o Edad de Piedra. No obstante, esta visión ha sido puesta en duda en los últimos años ya que se han encontrado piezas cuya antigüedad se estima en unos 2,6 millones de años y que podrían pertenecer a los primates Australopithecus.

Existe muy poca evidencia fósil de nuestros ancestros previos a Australopithecus. Debían parecerse a los chimpancés modernos pero no eran chimpancés y estaban intensamente expuestos a la presión de la selección natural o, tal y como la designaba Darwin, a las fuerzas ocultas de la naturaleza.

Los primeros huesos fósiles que ofrecen evidencia clara de bipedismo se corresponden con la especie Austrolopithecus, homínido que habitó las sabanas arboladas del este de África hace entre 4 y 2,5 millones de años, con un volumen craneal de 400 o 500 cm3, y que obtuvo un notable éxito ecológico ya que, por lo que sabemos, dio lugar a cinco especies diferentes.

Presentan cuerpos completamente erguidos y desnudos de pelo, son de tamaño aún pequeño (1 metro de altura), presentan dimorfismo sexual, han reducido el tamaño de sus caninos y disponen de esclerótica (el blanco de los ojos), lo que les otorga una mirada de carácter inteligente. Austrolopithecus se encuentra en los albores de la consciencia. Estos homínidos, por otro lado, ya forman grupos sociales en el sentido moderno del término, es decir, con un alto grado de organización interna.

Los análisis de los esqueletos de Australopithecus muestran proporciones de estroncio/calcio propias de animales que tienen un importante aporte cárnico en la dieta. Se han encontrado restos de Australopithecus asociados a huesos de ungulados con marcas de corte lo que nos indica que posiblemente fueran cazadores oportunistas. Posiblemente acudían al cadáver de animales ya muertos y medio devorados y utilizaban primitivos utensilios pétreos para cortarle los tendones y la piel, arrancarles la carne, la grasa y los órganos, y quebrar sus huesos para sorber el tuétano y los sesos, órganos altos en colesterol y grasas saturadas.

Otra pista arqueológica la constituyen los estudios del microdesgaste dental de los Australopithecus. Los escaneos con microscopios electrónicos muestran patrones propios del consumo de carne, además de grandes cantidades de productos vegetales.

Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con la consiguiente expansión de los ecosistemas  esteparios. Como resultado de esta presión evolutiva, algunos Australopithecus se especializaron en la explotación de productos vegetales duros y de escaso valor nutritivo, desarrollando un impresionante aparato masticador y originando al Paranthropus, que desapareció del registro fósil. Otros Australopithecus se hicieron paulatinamente más carnívoros, dando origen a los primeros Homo, género que experimentaría un progresivo incremento

El primer homínido conocido con relativo detalle en estos momentos es el Australopithecus ramidus, especie definida en 1994 por T. White, G. Suwa y B. Asfaw, según una serie de fósiles procedentes del río Aramis, en Etiopía, y datados en 4,5-4,3 millones de años. Se trata de un homínido muy similar al chimpancé, adaptado a un hábitat relativamente arbolado, pero cuya morfología dental presenta ya el inicio de unos rasgos que se desarrollarán en los homínidos posteriores. La aparición de esta especie ha supuesto una buena confirmación de la fecha, en torno a 5 millones de años, en la que se estimaba, desde un punto de vista bioquímico, que se había producido la separación entre homínidos y chimpancés.

El siguiente representante de esta línea es Australopithecus afarensis. Descubierto y dado a conocer hace relativamente poco tiempo por Johanson, White y Coppens, se conoce bastante bien gracias a los numerosos restos encontrados en Hadar (Etiopía) y Laetoli (Tanzania), que incluyen esqueletos bastante completos, como la famosa Lucy, y huellas de sus pisadas en ceniza volcánica. Está datado entre 3,8 y 3 m.a. Se trata de individuos de pequeña talla, 1,10-1,30 m. de altura, con fuerte dimorfismo sexual: los machos son mucho más grandes que las hembras, hasta el punto de que algunos investigadores piensan que tal vez sean especies distintas. Tanto las pisadas de Laetoli como la articulación de la rodilla, el pie en arco y la pelvis ancha demuestran que ya era completamente bípedo. Su esqueleto postcraneal es, salvo pequeños detalles, similar al del hombre moderno. Su capacidad encefálica es de 350-400 cm, inferior incluso a la del chimpancé, y tiene una morfología craneal con aspecto en general muy tosco. La dentición, sin embargo, presenta ya los caninos reducidos, fuerte molarización y sólo vestigios de diastema entre caninos e incisivos. Este rasgo y el bipedismo revelan componentes conductuales importantes en la aparición de los homínidos, sin duda derivados de cambios ecológicos (desecación de África oriental, sustitución de los bosques tropicales por la sabana).

Entre los 3 y los 0,8 m.a. los australopitecinos sufren una clara evolución restringida espacialmente a África oriental y conocida, desde el hallazgo en 1924 del niño de Taung, en una serie de yacimientos escalonados a lo largo del Rift Valley, desde Etiopía hasta Sudáfrica. En todo este sector parecen coexistir dos formas distintas: una grácil y otra robusta. Los australopithecos gráciles, denominados normalmente Australopithecus africanus (equivalente al antiguo Plesionthropus transvaalensis), proceden sobre todo de los yacimientos kársticos de Sudáfrica (Taung, Sterkfontein, Makapansgaat), cuyas fechas oscilan entre 2,5 y 1 m.a., aunque también han sido citados algunos especímenes en los depósitos del lago Turkana y del río Omo. Sus características principales son similares a los afarensis en el esqueleto postcraneal, de tipo moderno a grandes rasgos, mientras que el cráneo presenta un aspecto claramente más evolucionado: capacidad craneana de 500 cm3, ausencia total de diastemas, caninos pequeños y bóveda craneal redondeada.

Las formas robustas son las más complejas y las que han planteado últimamente más interrogantes a los antropólogos. En Sudáfrica se las ha querido denominar Australopithecus robustus, englobando a los clásicos Paranthropus robustus y P. crassidens de los yacimientos de Kromdraii y Swartkrans, datados en 1,7 m.a. Se trata de individuos más grandes que los gráciles y, al menos los machos, notablemente más robustos, sobre todo en sus características craneales: tienen la frente plana, fuerte estrechamiento postorbital, grandes arcos superciliares, cresta sagital, cara alta y muy ancha, aunque son menos prognatos que los gráciles. Su morfología dental es moderna, pero tienen una fuerte molarización. El aspecto general es el de un imponente aparato masticador.

En África Oriental esta variedad adquiere mucha mayor importancia, sobre todo a raíz del descubrimiento del célebre Zinjanthropus boisei en Olduvai (Tanzania), corroborado con restos similares en Chesowanja, Omo, Turkana… Tiene una cronología comprendida entre 2,2 y 1,2 m.a. Su aspecto es aún más robusto que la variedad surafricana, con la cara ancha y claramente cóncava. El reciente descubrimiento del cráneo KNM-WT 17000, para el que se ha propuesto la denominación de Paranthropus aethiopicus, con una fecha de 2,5 m.a. y parecido a otros restos fragmentarios del Awash, ha supuesto una importante renovación en la consideración taxonómica de este grupo aethiopicus/robustus/boisei. Para la mayor parte de los investigadores, el hecho de que exista una línea evolutiva independiente de estos australopitecinos robustos desde fechas tan tempranas justifica su clasificación como un género distinto del Australopithecus: el Paranthropus. A nivel evolutivo, estas formas robustas se consideran morfotipos especializados en la obtención de ciertos alimentos vegetales (semillas, raíces, tubérculos…) que necesitan un potente aparato masticatorio.

En cualquier caso, la línea de los australopitecinos, que parece formada hace ya 5 m.a., representa una clara adaptación africana a los entornos de borde de sabana, siendo el bipedismo y no la encefalización el verdadero motor de todo el proceso de hominización. El papel de los tipos robustos parece hablar a favor de una hiperespecialización en esta línea que separará claramente a dicho género de los primeros representantes de los Homo.

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Esta entrada fue publicada en 29 enero, 2015 por en Género Homo, Paleolítico, Prehistoria y etiquetada con , , , , , , .
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