COSMOS ATOMICAE

sobre la historia de la cultura humana y la evolución del pensamiento científico

Paleolítico 8: Somos supermonos gnomónicos.

<<El mono es sinónimo de curiosidad. El pequeño e inquieto cerebro de este animal debe interesarse, y se interesa en realidad, por cualquier cosa que caiga en sus manos. En este sentido, como en muchos otros, el hombre no es más que un supermono>>.
Isaac Asimov.

¿Recuerdas a Baitla? ¿La sapiens que vivía en Australia hace unos 60 mil años? Pues bien, ella también era un supermono Gnomon. Lo de ‘gnomón’ lo aprendió de su primo Tsà, que vivió hace más de 80 mil años en la bahía de Still Bay, a 300 km al este de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

<<El viejo Tsà tiene artrosis en las vértebras cervicales y en un hombro. Ha perdido los molares y tiene dañadas las encías. No hay caries, pero en cambio hay huellas de gingivitis y sólo con mucho esfuerzo consigue masticar la suave carne de tortuga que tanto le gusta. Una sola tortuga (Chersina angulata) proporciona aproximadamente 3.332 kJ (796 kcal) en sus tejidos comestibles, lo que está entre el 20 y el 30 % de las necesidades energéticas diarias de un adulto activo. Pero Tsà desconoce estos datos tan técnicos. Además, él tampoco desarrolla una actividad física normal.

Debido a una malformación congénita*, Tsà tiene inutilizado el pie derecho. Nunca pudo salir a cazar antílopes o kudús pero recuerda que, siendo niño, algunas veces ayudó en las tareas de forrajeo y a cazar pequeños animales como las tortugas.

(*Pese a que Tsà representa en este relato a un Homo sapiens, los trastornos físicos con los que le he caracterizado se inspiran en el hombre de la Chapelle-Aux-Saints, el anciano cuya anatomía dio lugar a la funesta interpretación de la especie neandertal desarrollada por los paleontólogos de principios del s. XX. Este individuo, enfermo y anciano, fue una de la primeras pruebas que demostraron, contra todo pronóstico, un comportamiento altruista y solidario por parte de las comunidades neandertales, capaces de cuidar, medicar y proteger a sus miembros desfavorecidos).

A causa de su discapacidad, Tsà se ve seriamente limitado físicamente pero, en cambio, conseguirá experimentar un punto de vista privilegiado y especializado sobre el mundo. Gracias a su mente despierta y amparado por los cuidados que le dispensa el grupo, dispone de tiempo libre para observar la naturaleza y experimentar con los distintos materiales y con sus propias destrezas manuales y mentales. Decora las cáscaras de huevo de los avestruces, elabora adornos personales, intercambia regalos con otros miembros del grupo y, por supuesto, fabrica lanzas y arpones muy sofisticados>>.

En el año 2011, un equipo de arqueólogos descubrió en la cueva de Blombos, muy cerca de donde vivía Tsà, un taller de 100 mil años de antigüedad donde se fabricaba y almacenaba ocre, la forma más antigua de pigmento. El espacio se encontraba organizado en distintas zonas de trabajo y contenía herramientas especializadas. Los pedazos de ocre se pulverizaban con molinillos de cuarzo y se mezclaban con huesos de mamíferos, carbón, piedra y líquido, para ser luego introducidos en conchas y agitados suavemente, lo que viene a demostrar que hace unos 80 mil años estos humanos habían adquirido conocimientos básicos de química así como habilidades de planificación a largo plazo.

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En 1991, cuando salieron a la luz los primeros registros de la cultura que practicaba la familia de Tsà, el mundo entero reaccionó con pasmo y mucha reticencia, dado que evidenciaban un grado de perfeccionamiento técnico y refinamiento estético que, hasta el momento, se consideraba exclusivo del Paleolítico Superior, desarrollado en Europa unos 35 mil años después.

Llegados a este punto, no resultaría desproporcionado admitir la posibilidad de que, dado que en el Paleolítico Superior existen evidencias de la comprensión de los movimientos de la Luna, los hombres de Still Bay, con una tecnología muy similar, pudieron alcanzar prematuramente un nivel de conocimiento equivalente.

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<<Hemos retrocedido algunos años y Tsà es ahora un niño. Camina con mucha dificultad y necesita apoyarse sobre palos para ir de un sitio a otro. Tsà pasa la mayor parte del tiempo observando las actividades de los otros, las coreografías de los animales, los movimientos de la vegetación… Su curiosidad le lleva a prestar atención al juego de sombras que produce su propio cuerpo, se da cuenta de que fluye acorde con sus movimientos, que se parece a veces a su figura encorvada. Intenta examinarla y realiza comparaciones con las sombras producidas por otros cuerpos.

A través de su silueta proyectada en el suelo se ve a sí mismo distinto de los otros animales, más recto y más erguido que una gacela pero también diferente a su hermano. Inevitablemente, la sombra de Tsà se mantendrá para siempre unida a la sombra de los viejos palos que le ayudan a caminar>>.

A lo largo de toda su vida, Tsà observará la evolución de las sombras ligadas al recorrido del Sol sobre el arco diurno. Se percatará de las diferencias de longitud y dirección que adquieren al amanecer, al mediodía y al atardecer. Es posible que trate de medirlas usando unidades de longitud naturales como el codo o el pie, pues cada pie mide una séptima parte de la altura del cuerpo al que pertenece y no olvidemos que, inicialmente, la medida de todas las cosas fue el cuerpo humano y sus partes.

Es muy probable, por tanto, que Tsà conociera ya el gnomon, si no en un grado analítico y consumado, sí al menos en su forma más natural, el gnomon visto en un palo, una lanza clavada en el suelo o el generado por su propio cuerpo al caminar por las planicies desarboladas.

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La Gnomónica hace referencia a una antigua ciencia mesopotámica que se ocupaba del estudio de las sombras creadas por el Sol. En un nivel básico, los sumerios observaban el recorrido de la sombra proyectada por un asta hincado sobre un plano horizontal y la medían. Más tarde, a este palo se le llamó ‘gnomon’, que en griego quiere decir ‘guía’ o ‘indicador’, y que en el caso de la gnomónica significa ‘indicador de fracción de tiempo’.

En realidad, casi cualquier cosa puede funcionar como gnomon siempre que su sombra sea recta, medible y comparable: una farola, un árbol alto o un palo clavado en el suelo pueden ser gnomons. La gnomónica, por tanto, siempre ha estado vinculada al concepto de medida del tiempo y más adelante veremos cómo la interpretación práctica de los conceptos generales de esta ciencia dio origen a los primeros relojes.

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Ahora que conocemos un poco más a Tsà, no resulta descabellado pensar que el sapiens primitivo se percató de las variaciones que las sombras generan en periodos de tiempo más largos, es decir, las transformaciones que experimenta el gnomon de unas estaciones a otras.

Posiblemente, también se diera cuenta de que en los mediodías cercanos a los equinoccios la sombra proyectada por su palo gnomon se acortaba si se encontraba cerca de los trópicos (sombra extrema mínima) o, incluso, se extinguía cuando estaba cerca del eje ecuatorial (sombra nula o sombra oculta).

En opinión de Raúl Calvino << Esa extinción de la sombra del propio cuerpo pudo incidir en su concepción de la vida y su correlato con el cuerpo, pues al identificar la sombra como algo ligado a su vida, el ser humano pudo pensar que para “existir” era necesario proyectar sombra y que si no había sombra proyectada, no había vida, por lo que si un cuerpo muere, en tanto proyectara sombra, de alguna manera podía entenderse que aún vivía. Cabe preguntarse si será por ello que en algunas culturas intra-tropicales, pudieron entender que se moría dos veces (Wayuu), una al dejar de funcionar el cuerpo orgánicamente y la otra al desaparecer materialmente y no proyectar jamás su sombra. Pudo ser esta observación de la solidaridad entre cuerpo y sombra la que motivara el culto a los restos y de ese culto surgiera la momificación como manera de producir y conservar un tipo de sombra perenne>>.

Frente a estos datos, es fácil inferir que cuando los parientes de Tsà migraron fuera de África hace unos 80 mil años, lo hicieron equipados de un complejo sistema de conocimientos. Probablemente ya tuvieran consciencia de que su cuerpo era un gnomon zoológicamente perfecto, vertical, medible y comparable y, además, ambulante, y que, al conocer el lenguaje cardinal de las sombras solares, podrían desplazarse sin temor a perderse. En opinión del Dr. Perez Enriquez, de la Universidad de la Sonora, en Mexico, fue ese saber el que permitió a Homo sapiens orientarse en el espacio y en el tiempo y llevar a cabo su expansión por todo el mundo, incluyendo los continentes austral y americano.

Asimismo, el autor mexicano señala que ninguna de las grandes civilizaciones de la antigüedad se desarrolló en sitios donde las sombras gnómicas fueran difíciles de medir, como los polos, mientras que sí se produjeron asentamientos en entornos fríos y rudos como la Europa de la Edad del Hielo o Siberia. Según esta hipótesis, no fueron los factores climáticos sino la falta de luz intensa lo que determinó el destino de las migraciones humanas.

Textos e ilustraciones de Paloma Pájaro.

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Esta entrada fue publicada en 27 enero, 2015 por en Astronomía, Paleolítico y etiquetada con , .
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