COSMOS ATOMICAE

sobre la historia de la cultura humana y la evolución del pensamiento científico

Paleolítico 6: Como zombies por la Historia.

La ciencia vive venciendo errores no proclamando verdades.
Guardo buen recuerdo de un profesor de Historia del Instituto de Peñaranda de Bracamonte, donde pasé mi adolescencia. Casi nunca sonreía. Sin embargo, preparaba las clases con cuidado y las impartía con la energía de los que aún no han sido arrollados por la rutina y el desencanto de la profesión.

Este señor era un amante de las piedras. Fue nuestro guía en un viaje desastroso que hicimos a Italia. Visitamos Roma, Florencia y Pisa pero no pudimos entrar en ninguno de los grandes museos porque nadie había tenido la precaución de programar las reservas. Así que nos limitamos a contemplar los exteriores de los edificios.

Como alternativa, visitamos todas las ruinas de los alrededores. Nuestro profesor debió disfrutar muchísimo, pero nosotros deambulábamos como zombies por aquellos parajes medio desiertos, enfermos de calor y completamente confundidos, porque no comprendíamos en absoluto el significado de aquéllas piedras ni éramos capaces de imaginar la forma original que tuvieron, ni su función, ni su ubicación cronológica, ni su relevancia artística, ni el contexto sociocultural que les dio origen, ni el tipo de personas que las habitaron… Sólo veíamos trozos de mármol envejecido entre los hierbajos.

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A pesar de la nefasta programación de aquel viaje a Italia, insisto en que guardo un buen recuerdo de aquel profesor. Se esforzaba por hacernos pensar. Nos jaleaba como un entrenador de fútbol a la espera de que descubriéramos las conexiones existentes entre tal o cual suceso histórico. No encontrarlas resultaba desalentador y escuchar el speech final de aquel tipo tan serio, desenredando una a una las hilvanaduras del tejido histórico, me dejaba pasmada, no podía creer que hubiera gente tan inteligente o que supiera tantas cosas.

A menudo, por cierto, aquel señor nos proponía ejercicios de redacción creativa. Recuerdo con mucho cariño uno de aquellos relatos. El objetivo era explicar lo que sabíamos acerca de la Era de los Descubrimientos (los viajes de Colón y compañía), pero teníamos que hacerlo a partir de una narración ficcionada inspirada en el estilo literario cervantino. Yo conservo el mío. Te lo enviaré para ilustrar el capítulo de Johannes Kepler, que fue un astrónomo importantísimo de aquella época.

Supongo que aquella experiencia adolescente tan estimulante unida al hecho de que en casa siempre hubo muchos libros de Historia, debieron marcarme mucho. Ahora procuro no perder de vista aquel aprendizaje fundamental, pues la primera regla de un historiador es tener presente que todo forma parte de un sistema de elementos dinámicamente interrelacionados y que bajo la apariencia alborotada de los acontecimientos siempre subyace un principio de causalidad que los dota de lógica interna.

Otro aprendizaje esencial para enfrentar de forma sana este tipo de estudios es que es necesario desprenderse, en la medida de lo posible, del punto de vista personal, subjetivo y temporal. En caso contrario estaríamos expuestos a las tentaciones del presentismo histórico, práctica más o menos inconsciente que consiste en aplicar estándares morales contemporáneos al análisis de acontecimientos o de personajes de otras épocas.

El deficiente cumplimiento de la primera regla del historiador ha condicionado dramáticamente el enfoque didáctico de esta disciplina en nuestro sistema educativo, que generalmente se ha limitado a presentarnos los acontecimientos como anécdotas encapsuladas, invisibilizando así los puntos de conexión con las realidades profundas de las comunidades humanas que les dieron origen. Esa es la razón por la que la mayoría de nosotros dispone únicamente de una composición mental fragmentada de la Historia. Este diseño estándar está basado generalmente en la enunciación superficial de una serie de hitos, generalmente políticos, económicos o artísticos, que perpetúan la idea de una evolución lineal de la Historia y también, inevitablemente, la idea de Progreso. Ni que decir tiene que el estudio de la ciencia o, más concretamente, el estudio de la Historia del pensamiento científico, ha quedado frecuentemente fuera del ámbito académico escolar.

Textos e ilustraciones de Paloma Pájaro.

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Esta entrada fue publicada en 27 enero, 2015 por en Astronomía, Paleolítico y etiquetada con , .
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