COSMOS ATOMICAE

sobre la historia de la cultura humana y la evolución del pensamiento científico

Paleolítico 3: La Tierra es un círculo plano.

Se llama Kroma. Es muy fuerte, tiene un cerebro enorme y vive en el norte de la península Ibérica, en el concejo de Piloña, cerca de Borines, en Asturias. Pero estos nombres le resultan extraños. Él utiliza otras palabras.

Kroma siente debilidad por la playa de la Piedra. Para alcanzarla hay que descender por una pared vertical muy peligrosa. Pero hoy merecerá la pena el esfuerzo: tiene hambre y le gusta la carne salada que encuentra pegada a las rocas. Parado al borde del acantilado, observa el final del Gran Río, allá lejos, en el horizonte. A un lado y a otro el espacio es enorme. Si mira hacia el lugar donde se pone el Sol alcanza a ver, incluso, la montaña de roca donde vive con su familia. Kroma extiende su brazo y dibuja en el aire la línea oscura que une el cielo con el mar. Sonríe, recoge sus herramientas y desciende hasta la playa.

Han pasado aproximadamente 49.000 años desde que Kroma bajó a mariscar a la playa de la Piedra. Su ADN, o quizás el de un primo suyo, quedó tan bien conservado en el yacimiento de El Sidrón que en el año 2013 el grupo de Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, logró secuenciar el genoma completo del neandertal a partir de una pequeña incisión en un fragmento de hueso. Gracias a eso, ahora sabemos muchas más cosas sobre Kroma y su mundo, pero aún no estamos seguros de lo que pudo pasársele por la cabeza cuando trazó la línea imaginaria del horizonte desde lo alto del acantilado.

En tu caso y en el mío, la idea de que la Tierra es esférica, gira sobre sí misma y da vueltas alrededor del Sol, es producto de un conocimiento adquirido y realmente realizamos un acto de fe grandioso al creerlo a pies juntillas, pues ninguna de las dos hemos salido de safari por el Universo para comprobar si es cierto o no. De buena gana podríamos admitir tú y yo que nuestra convicción sobre la esfericidad de la Tierra no es tanto una idea como una creencia.

A ese respecto, nuestro pequeño cuerpo, con nuestros pequeños ojos pegados prácticamente al suelo, sólo puede enviar información falseada a nuestro cerebro que luego interpreta como puede. Por ejemplo, lo que el cerebro percibe en su experiencia cotidiana, es que el Sol sale por Oriente y se esconde por Occidente mientras nosotros, los pedruscos y los ciervos nos mantenemos quietos. La conclusión lógica y natural a la que podría haber llegado Kroma hace 49.000 años, es que el Sol se desplaza por el cielo mientras la Tierra permanece inmóvil.

Una vez adquirido ese conocimiento (falso, pero conocimiento al fin), a nuestro cerebro le resultaría relativamente sencillo llegar a la conclusión de que el Sol es un disco plano (ya que nuestros ojos ven un círculo), que está relleno de fuego (puesto que emite calor y luz) y que es muy poderoso, probablemente un dios, ya que dependemos de él pero no le comprendemos.

Por otro lado, cuando Kroma dibujó con su dedo índice la línea del horizonte describió una curva. Si estuviéramos en una montaña muy alta en mitad del mar y siguiéramos la línea de horizonte con el dedo, trazaríamos un arco de circunferencia completo, nuestro cuerpo funcionaría como eje y nuestro brazo como radio. Esta observación no confirma, por sí sola, que la Tierra sea esférica pero sí, al menos, que nuestro campo de visión relativa se corresponde con un plano circular. Y si nuestro dios es un disco plano, lo lógico es pensar que la Tierra también lo sea.

Por otro lado, una sencilla observación de los movimientos de nuestro dios Sol, nos sugeriría que el cielo tiene forma de cúpula. Para llegar a esta conclusión tan sólo sería necesario ir observando, día a día durante todo un año y desde el mismo punto de vista, el lugar del horizonte por el que el Sol sale cada mañana y el punto por el que se esconde cada atardecer .

Estadísticamente, Kroma tuvo oportunidades de sobra durante más de 250 mil años de existencia para darse cuenta de este fenómeno. Me resulta fácil imaginárlo sentado frente a la entrada de su cueva, contemplando el horizonte una cálida tarde de verano <<Hoy el Sol cae justo sobre la vertical de aquél pico de roca nevado. El espectáculo es glorioso y Kroma llama exaltado a otros miembros del clan. El Sol se oculta finalmente, proyectando una aureola de luz vibrante en torno al pico de roca. Al día siguiente Kroma se sienta expectante frente a su cueva para contemplar de nuevo la caída del Sol tras la montaña. Pero hoy el Sol se ha desplazado y desciende desde un lateral del pico de hielo. Kroma no lo entiende. Desalentado, espera un día tras otro y un día tras otro observa cómo el Sol va cambiando su posición respecto del horizonte. Pasadas muchas lunas, el Sol vuelve a esconderse exactamente tras el pico de roca nevado>>.

¿Es posible que Kroma memorizara estas posiciones? ¿Que las comprobara cada vez que llegaba el frío del norte? ¿Es posible que se diera cuenta de que dichas posiciones completaban ciclos fijos que se repetían invariablemente con la llegada de las estaciones?

Los puntos del horizonte por donde se pone el Sol sufren un desplazamiento constante y cíclico a lo largo del año. Proyectando estas trayectorias mentalmente, obtendríamos una franja celeste de múltiples líneas curvas que sugieren la idea de un espacio abovedado, eso sí, relleno de aire para que vuelen los pájaros y circulen las estrellas. De esta manera ya tenemos a nuestro dios (el Sol) dominando nuestro cielo abovedado.

puntos-salida-sol

Pese a los enormes avances logrados desde el día en que se encontraron los primeros huesos de neandertal y fueron asociados a un subhumano incapaz de razonar y dominado por los más bajos instintos, aún nos resistimos a reconocer en ellos el tipo de sofisticación intelectual y técnica necesaria para observar los fenómenos celestes. Presuponer que manejaban ese tipo de capacidades desafía todo el conocimiento y aprendizaje adquirido. Rompe los paradigmas de estudio tradicionales, pues tal hecho indicaría que estos individuos poseían una estructuración social suficientemente compleja como para que pudieran dedicar parte de su tiempo y de sus recursos a observar el cielo.

craneo-neandertal

En mi opinión, la primera morada del ser humano fue el cielo, pues su supervivencia dependía de lo que allí ocurría. El hombre de neandertal conoce los vientos y los cambios en las sombras, predice los cambios estacionales y observa los movimientos del Sol y de la Luna. Sabe que el invierno es un tiempo de preparación imprescindible para la supervivencia del clan y lo aprovecha para organizar la caza y prepararse para las migraciones estacionales.

Hoy, apartados de la naturaleza y dominados por el pensamiento funcional y el sentido práctico de las cosas, no nos damos cuenta de que la correcta interpretación de los mensajes de la naturaleza era lo único que garantizaba la supervivencia de nuestros antepasados. Estoy convencida de que el hombre de neandertal poseía un control especializado sobre su entorno aunque admito con gusto que, posiblemente, no comprendiera las causas físicas de los fenómenos naturales. La mayor parte de nosotros tampoco lo hace hoy día, lo que no nos impide desarrollar comportamientos terriblemente complejos, como jugar a videojuegos o hacer películas. En mi opinión, el hombre de neandertal junto a los sapiens arcaicos, ambos embrutecidos por la Historia, fueron los primeros observadores de los fenómenos cósmicos y, en su esfuerzo por comprenderlos, les otorgaron una dimensión espiritual.

Por otra parte, la creencia en una Tierra plana y circular fue y sigue siendo común a la mayoría de los pueblos primitivos. Definir lo que se extendía más allá de los límites de ese disco fue tarea de los chamanes, los sacerdotes o los poetas, quienes intentaron dar sentido a lo indescifrable a través de la mitología.

La mitología hindú, por ejemplo, representaba el cosmos como un inmenso océano de leche sobre el que nadaba una enorme tortuga que, a su vez, cargaba sobre el caparazón a cuatro elefantes que sostenían la Tierra plana desde los cuatro puntos cardinales, todo el conjunto rodeado por la cobra sagrada.

Los sumerios, por su parte, imaginaron que el mundo estaba encerrado dentro de una gran cúpula de latón. En la base se encontraba el gran mar Nammu donde flotaba la tierra, circular y plana. En el Este y en el Oeste se levantaban cadenas montañosas, por detrás de las cuales salían y se ponían el Sol y la Luna. Debajo de la Tierra se extendía un submundo donde iban a parar las almas de los muertos. Esta premisa sumeria de una tierra circular y plana fue la que adoptaron los griegos para representar sus primeros mapas, como los de Anaximandro y Hecateo de Mileto.

 

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Los mitos sobre la creación de Mesopotamia incluyen a ambos sexos, siendo la parte femenina quien alumbra al mundo. Asimismo, las mujeres sumerias participaban en actividades sagradas y si estaban solteras, podían ejercer como sacerdotisas. Y recordemos que los conocimientos científicos, en Mesopotamia, eran patrimonio exclusivo de la casta sacerdotal. 

 

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Esta entrada fue publicada en 27 enero, 2015 por en Astronomía, Paleolítico y etiquetada con , .
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